📚 «Cien años de soledad» es uno de los libros más fascinantes de la literatura contemporánea.
¿Por qué? Por su concepción del tiempo.
Abrimos hilo sobre una de las mejores obras de nuestra lengua🧵 x.com
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En «Cien años de soledad» se relata una centuria de hechos y cotidianidades de una familia, los Buendía.
La novela se inscribe en la corriente del realismo mágico y tiene un actor fundamental, una sombra que la recorre de principio a fin: el tiempo.
La novela se inscribe en la corriente del realismo mágico y tiene un actor fundamental, una sombra que la recorre de principio a fin: el tiempo.
Para comprender su alcance, es necesario repasar la concepción del tiempo de Bergson.
Según este filósofo francés, pensar el tiempo como tres momentos separados (pasado, presente y futuro) es una forma incompleta de acercarnos a este fenómeno humano. x.com
Según este filósofo francés, pensar el tiempo como tres momentos separados (pasado, presente y futuro) es una forma incompleta de acercarnos a este fenómeno humano. x.com
Una de sus mayores dificultades es que postula una separación demasiado rígida de momentos temporales.
¿Es que acaso podemos aislar el presente y separarlo del pasado y del futuro?
¿Qué instante es el presente? ¿Un minuto? ¿Un segundo? ¿Una milésima? ¿Un nanosegundo? ¿Nada?
¿Es que acaso podemos aislar el presente y separarlo del pasado y del futuro?
¿Qué instante es el presente? ¿Un minuto? ¿Un segundo? ¿Una milésima? ¿Un nanosegundo? ¿Nada?
Para Bergson, estas modalidades temporales (pasado, presente y futuro) no son separables.
Cuando paseamos tranquilamente por nuestra casa, la vemos llena de recuerdos y, de hecho, sabemos que es nuestra casa por todo un pasado que inunda el presente por el que paseamos.
Cuando paseamos tranquilamente por nuestra casa, la vemos llena de recuerdos y, de hecho, sabemos que es nuestra casa por todo un pasado que inunda el presente por el que paseamos.
Lo mismo ocurre con el futuro: si en un instante determinado estamos en un autobús no es por azar o magia, sino porque queremos ir al cine o a trabajar.
En fin, el tiempo de los seres humanos no es el tiempo pensado clásicamente que espacializa en presente, pasado y futuro.
En fin, el tiempo de los seres humanos no es el tiempo pensado clásicamente que espacializa en presente, pasado y futuro.
Esta forma de concebir el tiempo quizá sirva para algunos entes, pero los seres humanos no vivimos en ese tiempo, sino que experimentamos el tiempo de otra forma.
Pues bien, el tema principal de «Cien años de soledad» es esta otra concepción temporal.
⚠️Atención: 'spoilers'.
Pues bien, el tema principal de «Cien años de soledad» es esta otra concepción temporal.
⚠️Atención: 'spoilers'.
Empecemos por el principio.
El argumento de la novela es relativamente sencillo: la obra acompaña a lo largo de cien años a una familia, los Buendía, y al pueblo que habitan, Macondo (en su fundación, auge y decadencia).
El argumento de la novela es relativamente sencillo: la obra acompaña a lo largo de cien años a una familia, los Buendía, y al pueblo que habitan, Macondo (en su fundación, auge y decadencia).
El texto que leemos, el libro tal cual está impreso, es —se descubre al final— los pergaminos de Melquíades, las profecías que el gitano escribió en los primeros capítulos de «Cien años de soledad».
Lo interesante es que la profecía condensa cien años en un solo instante.
Lo interesante es que la profecía condensa cien años en un solo instante.
Y esto no es una elección arbitraria, sino la representación más fidedigna del tiempo: el presente es inseparable del pasado y el futuro y, por tanto, el tiempo se pliega y condensa en un único pestañeo: x.com
La fórmula de Melquíades es la forma real del tiempo humano. Ahora, en este instante, se condensa toda la historia que nos ha traído aquí y, a su vez, se abre todo un futuro de posibilidades que nace de este mismo instante.
El presente es inseparable del pasado y del futuro.
El presente es inseparable del pasado y del futuro.
Pero, claro, la linealidad del texto impide materialmente hacer esto. Quizá en un cuadro se puedan concentrar todos los instantes temporales, pero en un libro, que empezamos a leer por un lado y terminamos por otro, hay necesariamente una linealidad, una sucesión.
¿Cómo escapar a este impedimento? ¿Cómo retratar un tiempo disperso, múltiple y entremezclado en un formato (el libro) que impone la estructura lineal de la que se pretende huir? La solución de García Márquez fue la siguiente: con ideas y venidas temporales. De ahí el comienzo: x.com
Este ejercicio de idas y venidas temporales, que implica —huelga decir— una excelencia literaria, es una constante a lo largo del libro. Veamos unos ejemplos más: x.com
El tiempo en «Cien años de soledad» es el tiempo de nuestra existencia, un tiempo que se derrama tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Un tiempo donde se concentra la eternidad.
El tiempo, en fin, de los seres humanos.
El tiempo, en fin, de los seres humanos.
Para conseguir este efecto, García Márquez no recurre únicamente a las idas y venidas temporales, sino que, y en el marco del realismo mágico, permite a los muertos (pasado) que estén presentes.
¿No es este el mejor ejemplo de que el pasado persiste en nuestra memoria presente? x.com
¿No es este el mejor ejemplo de que el pasado persiste en nuestra memoria presente? x.com
Sin embargo, el tiempo en los seres humanos es un poco más complejo que todo esto. El motivo es que los seres humanos existimos en una realidad física, en un mundo de objetos. Así, nuestro tiempo entremezclado convive con el tiempo lineal de los objetos.
García Márquez anuda ambos tiempos con la circularidad del tiempo.
Así, en «Cien años de soledad», el tiempo realiza multitud de círculos temporales, con infinidad de motivos que se repiten: la lucha contra la soledad, los rasgos de personalidad, los nombres…
Así, en «Cien años de soledad», el tiempo realiza multitud de círculos temporales, con infinidad de motivos que se repiten: la lucha contra la soledad, los rasgos de personalidad, los nombres…
El tiempo de los humanos avanza en la linealidad de los objetos físicos haciendo círculos.
Este avance en círculo hace que los movimientos temporales puedan incluso ser torpes, que el tiempo se líe a sí mismo o que se trastabille. Por este motivo el tiempo es un personaje más: x.com
Este avance en círculo hace que los movimientos temporales puedan incluso ser torpes, que el tiempo se líe a sí mismo o que se trastabille. Por este motivo el tiempo es un personaje más: x.com
Al avanzar en círculos, el tiempo a veces tropieza. En uno de esos tropiezos, por ejemplo, llueve durante más de tres años y todo se para, todo se detiene. El tiempo se ha parado porque se ha caído por su propia torpeza. x.com
Estos tropiezos del tiempo tienen efecto, como no podía ser de otra manera, en los personajes. Por ejemplo, en uno de esos tropiezos, el tropiezo que da lugar a la lluvia, un personaje se queda atrás, no se recompone jamás de ese traspiés temporal: x.com
A veces el caótico ritmo del tiempo y sus mareantes círculos no solo producen tropiezos, sino también desvíos o fallas. Momentos en los que el camino natural del tiempo no ocurre, brechas en las que se puede habitar una eternidad, donde algunos personajes quedan atrapados: x.com
Víctima de las brechas que el tiempo abre con su torpe movimiento, siempre es lunes para José Arcadio Buendía. A partir de ese momento, quedará amarrado a un árbol donde se perderá por infinitos pensamientos, visitará a los muertos y, en su extravío temporal, aprenderá latín.
Sin embargo, hay una excepción a los tropiezos del tiempo y su decadencia: el cuarto donde se alojan durante todo el siglo los manuscritos de Melquíades (es decir, el libro de «Cien años de soledad»).
Es un cuarto que nunca se ensucia, por donde el tiempo no pasa, porque la literatura supera al propio tiempo, porque es invulnerable a sus trucos y trampantojos. x.com
Y es que lo único invulnerable al paso del tiempo es la literatura.
Ese rinconcito de la humanidad donde siempre es marzo y siempre es lunes.
El único lugar de nuestra existencia que puede curarnos de la maldición de nuestra estirpe: la soledad.
Ese rinconcito de la humanidad donde siempre es marzo y siempre es lunes.
El único lugar de nuestra existencia que puede curarnos de la maldición de nuestra estirpe: la soledad.
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