«Este es un festival de ideas y cada uno tiene que expresar las suyas» resume perfectamente el fetichismo intelectual de este grupúsculo estrechamente vinculado al socio-liberalismo europeo.
Mientras «expresa» su rechazo al genocidio palestino sigue siendo cómplice a través del apoyo al Estado de Israel a través de su participación en los gobiernos y su complicidad con la burguesía imperialista.
El cinismo de la intelectualidad pequeñoburguesa es tal que ante un desesperado intento de protesta en contra del genocidio solo les queda apelar a la «libre exposición de ideas».
Y es que la discusión y exposición de ideas no tiene ningún sentido si no sirve como momento de una práctica real. Exponer y teorizar por el mero hecho de exponer y teorizar no sirve para nada más que para satisfacer el ego de la ristra de ponentes que se han presentado.
El problema no es el festival en sí, si no que esta manía intelectualoide se ha incrustado también dentro del movimiento comunista.
Pues ya es bastante común ver como se organizan congresos, simposios y otros eventos en los que se debaten cuestiones irrelevantes para las necesidades de la vanguardia comunista.
Discusiones academicistas sobre figuras o experiencias históricas del movimiento despegadas completamente de la acción real de los comunistas, debates espurios sobre el sexo de los ángeles y ejercicios de autorreproducción identitaria de las diferentes siglas del MCE.
Los comunistas debemos despegarnos de estas desviaciones que nos alejan de la verdadera acción revolucionaria, la cual incluye debates inscritos en la acción real de la vanguardia, ahora mismo completamente ajena a las masas.
Pocos nombres nos parecen más adecuados para la enésima performance burguesa sobre el onanismo intelectual que «Festival de las Ideas».
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