Existe la preconcepción respecto a los monopolios, sobre todo en sectores tan «esenciales» como la alimentación, de que a más cuota de mercado abarcan, más conspiraciones urden para obtener «superganancias».
La ganancia monopolista no puede surgir de un engaño permanente al consumidor o a otras empresas. Si esto si fuera así, si todos los sectores monopolizados engañaran al resto inflando los precios artificialmente, nadie obtendría realmente ganancia.
El margen neto de Mercadona de 2023 fue del 2,84%, del 2,31% en 2022 y del 2,44% en 2021. 2024 apunta a ser de los mejores años para la empresa de Joan Roig, pero no habrá una diferencia sustancial a pesar del aumento de los precios al consumidor.
La inflación escapa al control de uno u otro sector capitalista a pesar de que todos contribuyan a dicha subida.
La red de distribución internacional del trabajo se encuentra tensionada debido a las guerras y conflictos interimperialistas, la crisis de la ganancia, la retención de capital, el riesgo de aumento de los tipos de interés,
la sequía en zonas como España o la inflación generalizada son circunstancias que escapan de la capacidad de Mercadona de incrementar los precios.
Pensar que Mercadona es «malvado» por aumentar el precio de sus productos contribuye a crear un relato en favor de un capital no-monopolizado más «ético» o «mejor» que uno no-monopolizado.
Se trata de un refuerzo al pequeño comercio local y a la pequeña burguesía distributiva, la cual tampoco duda un segundo en aumentar los precios con tal de mantener su negocio.
La realidad es que Mercadona está sujeta a las mismas leyes objetivas del capital, si bien puede tener más o menos agencia e inflar más o menos el precio dentro de unos límites, no puede inventarse el valor de las cosas y venderlas al valor que le plazca.
Al igual que tampoco puede hacerlo el pequeño comercio. La superación del capitalismo no puede estar justificada por una supuesta «bajeza moral» o «codicia» de los burgueses.
Si dependiera de su voluntad, cualquier superación del modo de producción actual quedaría opacada por una «mejor» gestión del capitalismo.
Es lo que la escuela socio-liberal y keynesiana pretende hacernos creer: que el modo de producción capitalista puede «controlarse» de forma voluntarista.
Aunque la clase capitalista en su conjunto quiera evitar la crisis, ésta se manifestará igualmente, tal es el modo de desplegarse del capital, la de un movimiento objetivo que escapa a la voluntad de los agentes que en él participan.
En cuanto a los comunistas, debemos evitar caer en estas trampas pequeñoburguesas y des de luego, tener en cuenta que la destrucción de la burguesía como clase no tendrá miramientos en si hubo más o menos codicia en sus elementos individuales.
جاري تحميل الاقتراحات...