La mayoría de las civilizaciones y pueblos de la Tierra tienen un punto claro de origen, un mito o un legado al que se agarran.
Los 'Founding Fathers' de EE.UU, Covadonga y Don Pelayo para España, o incluso los Reyes Católicos, Rómulo y Remo para el Imperio Romano...
Pero China no tiene uno. China siempre estuvo allí. No hay inicio. Zhongguo está en el centro, esa es la única certeza.
Los 'Founding Fathers' de EE.UU, Covadonga y Don Pelayo para España, o incluso los Reyes Católicos, Rómulo y Remo para el Imperio Romano...
Pero China no tiene uno. China siempre estuvo allí. No hay inicio. Zhongguo está en el centro, esa es la única certeza.
Lo más parecido a un fundador civilizacional es el Emperador Amarillo, el Huangdi (黄帝).
Sin embargo, cuando él aparece para traer paz a una civilización en caos, China ya existía. No crea un pueblo; lo arregla.
China no aparece como un Estado, una nación política o una estructura social clara, sino como algo intangible que ha existido siempre en el tiempo, sin principio ni final.
Sin embargo, cuando él aparece para traer paz a una civilización en caos, China ya existía. No crea un pueblo; lo arregla.
China no aparece como un Estado, una nación política o una estructura social clara, sino como algo intangible que ha existido siempre en el tiempo, sin principio ni final.
Lo mismo puede pasar con 'Confuncio', Kong Fu Zi.
Aunque se convirtió en una figura fundacional, en cierto modo, y clave en la formación filosófica y moral de los mandatarios chinos a lo largo de toda su historia, no deja de ser, en sus propias palabras, alguien que no inventaba nada; alguien que solo reforzaba valores que ya existían.
De hecho, Confucio jamás estuvo cerca del poder de manera directa; fue tras su muerte cuando empezaron a referenciarlo.
Aunque se convirtió en una figura fundacional, en cierto modo, y clave en la formación filosófica y moral de los mandatarios chinos a lo largo de toda su historia, no deja de ser, en sus propias palabras, alguien que no inventaba nada; alguien que solo reforzaba valores que ya existían.
De hecho, Confucio jamás estuvo cerca del poder de manera directa; fue tras su muerte cuando empezaron a referenciarlo.
La historia china está llena de guerras civiles, colapsos y períodos de entreguerras, pero, después de cada caída, siempre ha vuelto como si fuese algo inmutable, como si el Emperador Amarillo hubiese inspirado a tantos otros.
Cuando un pueblo, como los mongoles o lo manchur, tomaban Zhongguo, no imponían su sistema, sino que ocupaban el existente y le daban continuidad.
Cuando un pueblo, como los mongoles o lo manchur, tomaban Zhongguo, no imponían su sistema, sino que ocupaban el existente y le daban continuidad.
Así, la influencia de la civilización china se expandió por un área continental enorme, más grande que Europa. Su lengua y cultura, y el poder del Emperador chino, llegaron a Siberia, Asia Central, el Himalaya y el Índico.
Surgió, de este modo, la idea de que China era un mundo en sí mismo, con un Emperador que gobernaba a todos debajo del cielo, condensado en el concepto de Tianxia (天下), el reino metafísico, y posteriormente político, de los mortales.
Surgió, de este modo, la idea de que China era un mundo en sí mismo, con un Emperador que gobernaba a todos debajo del cielo, condensado en el concepto de Tianxia (天下), el reino metafísico, y posteriormente político, de los mortales.
China nunca estuvo destinada a lidiar con otras civilizaciones, pueblo o Estados de su magnitud, al contrario que tantos reinos y Estados europeos. China tenía relación con la India y el Imperio Romano, pero estaban demasiado lejos.
Durante la Dinastía Song (970-1279), China contaba con la prominencia mundial en el campo naval, podría haber tomado los mares, pero jamás tuvieron una colonia. Nunca desarrollaron la necesidad de convertir a los «bárbaros» al budismo o al confucianismo.
El eunuco Zheng He llegó hasta incluso Hormuz y África, con una flota muy superior en tecnología y número a la española, 150 años antes del inicio del colonialismo europeo. Aún así, Zheng He solo pedía tributos para el Emperador, solo extendía los límites de Zhongguo, de los terrenos gobernados, bajo el cielo, por el Emperador. Ampliaba el mundo conocido sin necesidad de someterlo.
Durante la Dinastía Song (970-1279), China contaba con la prominencia mundial en el campo naval, podría haber tomado los mares, pero jamás tuvieron una colonia. Nunca desarrollaron la necesidad de convertir a los «bárbaros» al budismo o al confucianismo.
El eunuco Zheng He llegó hasta incluso Hormuz y África, con una flota muy superior en tecnología y número a la española, 150 años antes del inicio del colonialismo europeo. Aún así, Zheng He solo pedía tributos para el Emperador, solo extendía los límites de Zhongguo, de los terrenos gobernados, bajo el cielo, por el Emperador. Ampliaba el mundo conocido sin necesidad de someterlo.
Pero China eligió protegerse de los bárbaros del norte, y escogió construir la Muralla China en vez de tomar el mundo. Era mucho más importante defenderse desde el centro que expandir sus límites. Se destruyó la flota de Zheng He y se borró su legado.
China seguía obsesionada con ser Zhongguo. Los Emperadores desdeñaban cualquier pueblo extranjero y seguían pensando que China, más que una civilización en sí misma, era «la civilización», sin más.
Por supuesto que conocían la existencia de otras sociedades, pero China era el centro del mundo y estas realidades exteriores eran vistas como reflejos de ella. Ni siquiera China tenía fronteras claras, sino que sus bordes aparecían como zonas difusas de cierta diferencia cultural.
China seguía obsesionada con ser Zhongguo. Los Emperadores desdeñaban cualquier pueblo extranjero y seguían pensando que China, más que una civilización en sí misma, era «la civilización», sin más.
Por supuesto que conocían la existencia de otras sociedades, pero China era el centro del mundo y estas realidades exteriores eran vistas como reflejos de ella. Ni siquiera China tenía fronteras claras, sino que sus bordes aparecían como zonas difusas de cierta diferencia cultural.
Cuando ya las fuerzas occidentales habían empezado a tomar el mundo, en una comunicación entre Lincoln y la Dinastía Qing, de origen manchur, el Emperador chino dijo que no tenían intención alguna de llevarse mal con nadie, alegando que su misión celestial era gobernar el Universo y que consideraba a Zhongguo y al resto de países como una gran familia sin más.
Los chinos habían tratado las guerras con los europeos como unas guerras con bárbaros más y, aunque percibían la potencia de otras naciones, sabían que Zhongguo perdudaría de una forma u otra.
Los chinos habían tratado las guerras con los europeos como unas guerras con bárbaros más y, aunque percibían la potencia de otras naciones, sabían que Zhongguo perdudaría de una forma u otra.
De hecho, de los últimos 20 siglos, China fue la civilización más rica durante 18; su tecnología siempre fue superior, hasta la Revolución Industrial, su actividad comercial la más fructífera y solo desde hace una década la historia se ha vuelto a ordernar, bajo su visión.
China importó inventos y recursos de otros países, pero siempre han considerado que lo más valioso salía de su seno.
China importó inventos y recursos de otros países, pero siempre han considerado que lo más valioso salía de su seno.
Pero, ¿cómo mantuvo China su unidad durante tanto tiempo? Aunque la fuerza bruta fue clave y fundamental, una serie de valores extendidos por su población y gobernantes ha servido como pegamento.
China, al contrario que el budismo que llegaba desde la India, o las religiones monoteístas de occidente, nunca desarrolló una religión en sí. Nunca han generado un mito de creación civilizacional: el Universo fue creado por los chinos y los valores del mismo siguen sus ideas.
China, al contrario que el budismo que llegaba desde la India, o las religiones monoteístas de occidente, nunca desarrolló una religión en sí. Nunca han generado un mito de creación civilizacional: el Universo fue creado por los chinos y los valores del mismo siguen sus ideas.
Una serie de filósofos y pensadores, en los que destaca, como ya hemos dicho, Confucio, han mantenido vivos una serie de preceptos que se han transmitido durante el tiempo, hasta hoy.
Estos valores giran en torno a la harmonía y la necesidad de regresar siempre al orden; no de progresar, sino de volver a lo correcto.
Confucio no presentó una historia de redención personal al igual que Jesucristo, sino una redención estatal que se alcanzaría con un correcto comportamiento personal; no había una guía para la vida después de la muerte, sino unos códigos de conducta personal para el día a día.
Estos valores giran en torno a la harmonía y la necesidad de regresar siempre al orden; no de progresar, sino de volver a lo correcto.
Confucio no presentó una historia de redención personal al igual que Jesucristo, sino una redención estatal que se alcanzaría con un correcto comportamiento personal; no había una guía para la vida después de la muerte, sino unos códigos de conducta personal para el día a día.
Toda la cosmogonía china residía en la figura del Emperador, una figura sin paralelismo con las potencias occidentales. El Emperador siempre ha sido una idea política y metafísica que gobernaba para la Humanidad, políticamente, y como Hijo del Cielo, como intermediario entre la Tierra, el Cielo y la Humanidad.
Para esto, al Emperador se le exigía una moralidad impoluta y un comportamiento excelso. Si este se comportaba mal, su reino caería y otra estructura estaría legitimada para reemplazarla y continuar con la existencia eterna de Zhongguo.
Para esto, al Emperador se le exigía una moralidad impoluta y un comportamiento excelso. Si este se comportaba mal, su reino caería y otra estructura estaría legitimada para reemplazarla y continuar con la existencia eterna de Zhongguo.
En China nunca hubo ni grandes catedrales, ni burguesía reseñable, a diferencia de Occidente.
China llegó a la modernidad con una tradición milenaria de burócratas mandarines elegidos bajo una competitividad brutal.
La visión de las relaciones internacionales de un occidental gira en torno a la formación de los Estados europeos y a las facciones creadas a partir de la Iglesia Católica, en donde el equilibro de fuerzas era fundamental, sin que hubiese un solo Estado lo suficientemente fuerte como para imponerse a otros, por lo que la idea de soberanía e igualdad legal se acabó imponiendo como base del «orden internacional».
China llegó a la modernidad con una tradición milenaria de burócratas mandarines elegidos bajo una competitividad brutal.
La visión de las relaciones internacionales de un occidental gira en torno a la formación de los Estados europeos y a las facciones creadas a partir de la Iglesia Católica, en donde el equilibro de fuerzas era fundamental, sin que hubiese un solo Estado lo suficientemente fuerte como para imponerse a otros, por lo que la idea de soberanía e igualdad legal se acabó imponiendo como base del «orden internacional».
Sin embargo, China nunca consideró iguales a otros Estados porque nunca habían estado a su altura y magnitud cultural. La existencia de China como un Imperio se convirtió en Ley Natural.
A diferencia de Estados Unidos, hegemón occidental actual, nunca tuvo una visión universalista que les obligase a expandir sus valores por todo el mundo; simplemente se limita a controlar a los bárbaros a sus puertas.
Para los Emperadores chinos, convertir a naciones lejanas a sus valores no era práctico, y consideraban que bastante castigo tenían con estar tan lejos de China. Los chinos no buscaban exportar sus ideas; pero admitían que otros fuesen a China a adquirirlas. Los chinos no mandaban a diplomáticos, enviaban a emisarios del Cielo.
Los Han y demás razas vivían, harmoniosamente, juntos bajo el Cielo, y el Emperador consideraba su misión como harmonizadora.
A diferencia de Estados Unidos, hegemón occidental actual, nunca tuvo una visión universalista que les obligase a expandir sus valores por todo el mundo; simplemente se limita a controlar a los bárbaros a sus puertas.
Para los Emperadores chinos, convertir a naciones lejanas a sus valores no era práctico, y consideraban que bastante castigo tenían con estar tan lejos de China. Los chinos no buscaban exportar sus ideas; pero admitían que otros fuesen a China a adquirirlas. Los chinos no mandaban a diplomáticos, enviaban a emisarios del Cielo.
Los Han y demás razas vivían, harmoniosamente, juntos bajo el Cielo, y el Emperador consideraba su misión como harmonizadora.
Solo la presión occidental del siglo XIX obligó a la Dinastía Qing a tener algo análogo a la figura de un 'Ministro de Exteriores', pero lo escondían, como si les diese vergüenza tratar a otros de iguales.
China ofrecía a sus enemigos imparcialidad, no igualdad. Mientras que respetasen la superioridad de China, todo estaba bien. Siempre recurrieron a las tácticas del «divide y vencerás» contra los bárbaros, hasta en tiempos de debilidad imperial; nunca buscaron la aniquilación total.
China ofrecía a sus enemigos imparcialidad, no igualdad. Mientras que respetasen la superioridad de China, todo estaba bien. Siempre recurrieron a las tácticas del «divide y vencerás» contra los bárbaros, hasta en tiempos de debilidad imperial; nunca buscaron la aniquilación total.
China siempre ha contado con demasiadas amenazas en sus fronteras como para advertir una solución final o absoluta para sus relaciones internacionales. Los chinos casi nunca han optado por un todo o nada contra un enemigo, al contrario que los occidentales.
Las naciones occidentales han construido historias de hazañas y heroísmo vinculadas a victorias y derrotas absolutas, pero el ideal chino siempre ha perseguido la sutileza y la paciencia de la ventaja relativa, que condensaría en el mítico texto de Sun Tzu.
Los estrategas clásicos occidentales buscan una posición de dominio absoluto llegados a un punto, Sun Tzu aboga por una aproximación política y psicológica que busca un resultado deseado desde la pausa y el conocimiento.
Sun Tzu no busca a un héroe y el conflicto militar mismo era visto como un fracaso.
Las naciones occidentales han construido historias de hazañas y heroísmo vinculadas a victorias y derrotas absolutas, pero el ideal chino siempre ha perseguido la sutileza y la paciencia de la ventaja relativa, que condensaría en el mítico texto de Sun Tzu.
Los estrategas clásicos occidentales buscan una posición de dominio absoluto llegados a un punto, Sun Tzu aboga por una aproximación política y psicológica que busca un resultado deseado desde la pausa y el conocimiento.
Sun Tzu no busca a un héroe y el conflicto militar mismo era visto como un fracaso.
Evidentemente, hay que distinguir el ideal de lo que acabó ocurriendo, y China, como dijimos en un principio, vivió múltiples conflictos, brutales guerras y demás problemas internos y externos, pero todos ocurrieron (los Tres Reinos, la Rebelión Taiping, la Guerra Civil china) por quiebres del sistema chino, por situaciones irresolubles respecto a la estabilidad interna y las relaciones con agentes extranjeros.
Para los sabios clásicos chinos, el mundo nunca puede ser conquistado; solo puede aspirarse a vivir en harmonía.
Nunca hubo un Nuevo Mundo que poblar, ni redención humana alguna. La Tierra Prometida de los chinos siempre ha sido China, y China y los chinos siempre han estado allí.
Sí abrazan la posibilidad de que se les imite, pero nunca darán gloria a aquel chino que vaya a pregonizar en otra civilización.
La gloria universal de Zhongguo y su estructura política superior no necesita justificarse ante otros.
Nunca hubo un Nuevo Mundo que poblar, ni redención humana alguna. La Tierra Prometida de los chinos siempre ha sido China, y China y los chinos siempre han estado allí.
Sí abrazan la posibilidad de que se les imite, pero nunca darán gloria a aquel chino que vaya a pregonizar en otra civilización.
La gloria universal de Zhongguo y su estructura política superior no necesita justificarse ante otros.
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