Drazen Petrovic fue el Mozart del básquetbol. Magia pura procedente de suelo croata para llenar el mundo de movimientos icónicos. Para sonreír ante sus genialidades. Para temer a su carácter. Para contemplar esa fuerza arrolladora que solo tienen los ganadores de verdad.
Ponte de gala, muchacho: hoy hablaremos del genio de Sibernik.
Ponte de gala, muchacho: hoy hablaremos del genio de Sibernik.
Nació el 22 de octubre de 1964 en tierra fértil para los genios de este deporte. La escuela balcánica unida. Yugoslavia en sus años dorados.
Drazen creció persiguiendo la sombra de su hermano. Quería ser como él. Nadie se esforzó tanto por moldear su talento.
Siendo solo un niño, eligió trabajar. Todo sea por su pasión: se levantaba de madrugada para hacer 500 tiros antes de ir al colegio.
Llegó a entrenarse entre seis y ocho horas diarias.
Drazen creció persiguiendo la sombra de su hermano. Quería ser como él. Nadie se esforzó tanto por moldear su talento.
Siendo solo un niño, eligió trabajar. Todo sea por su pasión: se levantaba de madrugada para hacer 500 tiros antes de ir al colegio.
Llegó a entrenarse entre seis y ocho horas diarias.
Fue, lo que se dice, un prodigio. Con solo 15 años ya jugaba en el primer equipo del Sibenka. Dos veces llegó a la final de la Copa Radivoj Korac y las dos veces perdió.
Pero una de esas veces el desenlace se dio en un ambiente turbio y contaminado: Sibenka había ganado el partido con dos tiros libres de Drazen, pero lo despojaron del título por irregularidades en el arbitraje.
Pero una de esas veces el desenlace se dio en un ambiente turbio y contaminado: Sibenka había ganado el partido con dos tiros libres de Drazen, pero lo despojaron del título por irregularidades en el arbitraje.
La Federación Nacional quiso una revancha de la final del campeonato y Sibenka se negó a presentarse. Es importante esto porque servirá para entender lo que vino después para Petrovic.
En ese mundo hostil creció Drazen. En esa nave insignia de irregularidades constantes, de imponerse ante la adversidad, hizo sus armas.
Su juego infinito de recursos fue siempre una llamarada en un reguero de pólvora.
En ese mundo hostil creció Drazen. En esa nave insignia de irregularidades constantes, de imponerse ante la adversidad, hizo sus armas.
Su juego infinito de recursos fue siempre una llamarada en un reguero de pólvora.
Su carrera también tuvo pasos de comedia. Cuenta Marca que en un choque en 1987 entre Yugoslavia y Estados Unidos, se desató en Zagreb una pelea generalizada. Drazen quedó tirado en el piso.
Biserka, su madre, saltó a la cancha paraguas en mano y empezó a golpear a los rivales.
Las fuerzas de seguridad tuvieron que intervenir para separarla.
Biserka, su madre, saltó a la cancha paraguas en mano y empezó a golpear a los rivales.
Las fuerzas de seguridad tuvieron que intervenir para separarla.
Fue un competidor obtuso. Extremo. Cada práctica tenía una rutina de tiro de 100 triples convertidos para poder irse. Cuenta la leyenda que nunca necesitó más de 115 para lograrlo.
Una noche jugando para Real Madrid falló dos tiros clave y perdieron contra Valladolid. Pidió las llaves del estadio y se quedó tirando hasta las tres de la mañana sin parar.
Una noche jugando para Real Madrid falló dos tiros clave y perdieron contra Valladolid. Pidió las llaves del estadio y se quedó tirando hasta las tres de la mañana sin parar.
Odiaba el cigarrillo y sobre todo a quienes fumaban cerca. También detestaba el alcohol.
¿Cuándo crecía Petrovic? Cuando lo insultaban. Tenía personalidad y por momentos su confianza lo llevaba al punto de parecer engreído.
Entonces era sencillo: si lo tenías, lo amabas. Si lo enfrentabas, lo odiabas.
Lo peor que podías hacer con él era cantarle en contra. ¿Su canción preferida? El coro unido para entonar el estribillo mundial conocido como... "¡Hijo de p...!".
¿Cuándo crecía Petrovic? Cuando lo insultaban. Tenía personalidad y por momentos su confianza lo llevaba al punto de parecer engreído.
Entonces era sencillo: si lo tenías, lo amabas. Si lo enfrentabas, lo odiabas.
Lo peor que podías hacer con él era cantarle en contra. ¿Su canción preferida? El coro unido para entonar el estribillo mundial conocido como... "¡Hijo de p...!".
A no confundirse, Petrovic era un verdadero cabrón. La sangre siempre hervía con él en cancha.
Recuerda el periódico Marca que "En una semifinal del Torneo de Puerto Real, Petrovic se calentó porque Neyro le había pitado una técnica y su reacción fue escupirle. El árbitro le expulsó y el torneo quiso sancionarlo dejándolo fuera de la final. Pero el alcalde de Puerto Real, Pepe Barroso, dijo que si Petrovic no jugaba suspendía el torneo. Todo se arregló con una multa de 200.000 pesetas que Petrovic nunca pagó".
Recuerda el periódico Marca que "En una semifinal del Torneo de Puerto Real, Petrovic se calentó porque Neyro le había pitado una técnica y su reacción fue escupirle. El árbitro le expulsó y el torneo quiso sancionarlo dejándolo fuera de la final. Pero el alcalde de Puerto Real, Pepe Barroso, dijo que si Petrovic no jugaba suspendía el torneo. Todo se arregló con una multa de 200.000 pesetas que Petrovic nunca pagó".
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