Bruno Altieri
Bruno Altieri

@altieribruno

29 تغريدة 25 قراءة Sep 17, 2023
Drazen Petrovic fue el Mozart del básquetbol. Magia pura procedente de suelo croata para llenar el mundo de movimientos icónicos. Para sonreír ante sus genialidades. Para temer a su carácter. Para contemplar esa fuerza arrolladora que solo tienen los ganadores de verdad.
Ponte de gala, muchacho: hoy hablaremos del genio de Sibernik.
Nació el 22 de octubre de 1964 en tierra fértil para los genios de este deporte. La escuela balcánica unida. Yugoslavia en sus años dorados.
Drazen creció persiguiendo la sombra de su hermano. Quería ser como él. Nadie se esforzó tanto por moldear su talento.
Siendo solo un niño, eligió trabajar. Todo sea por su pasión: se levantaba de madrugada para hacer 500 tiros antes de ir al colegio.
Llegó a entrenarse entre seis y ocho horas diarias.
Fue, lo que se dice, un prodigio. Con solo 15 años ya jugaba en el primer equipo del Sibenka. Dos veces llegó a la final de la Copa Radivoj Korac y las dos veces perdió.
Pero una de esas veces el desenlace se dio en un ambiente turbio y contaminado: Sibenka había ganado el partido con dos tiros libres de Drazen, pero lo despojaron del título por irregularidades en el arbitraje.
La Federación Nacional quiso una revancha de la final del campeonato y Sibenka se negó a presentarse. Es importante esto porque servirá para entender lo que vino después para Petrovic.
En ese mundo hostil creció Drazen. En esa nave insignia de irregularidades constantes, de imponerse ante la adversidad, hizo sus armas.
Su juego infinito de recursos fue siempre una llamarada en un reguero de pólvora.
Drazen estuvo en el ejército junto a Aleksandar, su hermano mayor. Al año siguiente, en la temporada 1984-85, ambos se unieron al equipo KK Cibona y ganaron el campeonato yugoslavo y la copa nacional.
Hay una historia de esa temporada que parecería ser un cuento de hadas: Petrovic hizo 112 puntos en un partido. Sí, más que Wilt Chamberlain en la noche de los 100 con Philadelphia Warriors el 2 de marzo de 1962 en el Hershey Sports Arena.
Cuando logró esta hazaña, Petrovic tenía solo 18 años. Su equipo KK Cibona, derrotó 158-77 al Smelt Olimpia. Aclaremos algo importante: promedió 37.7 puntos en sus cuatro temporadas con Cibona y fue jugador croata del año durante esos cuatro años.
Hay muchas anécdotas que rodean al Mozart del básquetbol. Su carrera fue como la flauta mágica, con picos de belleza imposibles de igualar y escalas de tensión para quedarse atornillado al asiento. Drazen fue alegría, fue drama, fue éxtasis y fue tragedia.
Seleccionado por los Portland Trail Blazers en 1986 como la selección número 60, recién llevó su talento a Estados Unidos para la temporada 1989-90 de la NBA. Eran otros tiempos: llegó sin que lo conozcan demasiado pero terminó siendo inolvidable.
Su carrera también tuvo pasos de comedia. Cuenta Marca que en un choque en 1987 entre Yugoslavia y Estados Unidos, se desató en Zagreb una pelea generalizada. Drazen quedó tirado en el piso.
Biserka, su madre, saltó a la cancha paraguas en mano y empezó a golpear a los rivales.
Las fuerzas de seguridad tuvieron que intervenir para separarla.
Fue un competidor obtuso. Extremo. Cada práctica tenía una rutina de tiro de 100 triples convertidos para poder irse. Cuenta la leyenda que nunca necesitó más de 115 para lograrlo.
Una noche jugando para Real Madrid falló dos tiros clave y perdieron contra Valladolid. Pidió las llaves del estadio y se quedó tirando hasta las tres de la mañana sin parar.
Tuvo un partido mágico de Liga Europea jugando para Cibona, frente a Limoges. Su equipo perdía por 19 puntos, anotó ocho triples seguidos y dieron vuelta el marcador para ganar.
Odiaba el cigarrillo y sobre todo a quienes fumaban cerca. También detestaba el alcohol.
¿Cuándo crecía Petrovic? Cuando lo insultaban. Tenía personalidad y por momentos su confianza lo llevaba al punto de parecer engreído.
Entonces era sencillo: si lo tenías, lo amabas. Si lo enfrentabas, lo odiabas.
Lo peor que podías hacer con él era cantarle en contra. ¿Su canción preferida? El coro unido para entonar el estribillo mundial conocido como... "¡Hijo de p...!".
Pudo jugar en Barcelona, pero se demoraron y fue símbolo del archirrival. Una leyenda de la Casa Blanca.
Hay un partido inolvidable de Petrovic en Real Madrid: los 62 puntos en la final de la Recopa de 1989 para derrotar al Snaidero 117-113.
A no confundirse, Petrovic era un verdadero cabrón. La sangre siempre hervía con él en cancha.
Recuerda el periódico Marca que "En una semifinal del Torneo de Puerto Real, Petrovic se calentó porque Neyro le había pitado una técnica y su reacción fue escupirle. El árbitro le expulsó y el torneo quiso sancionarlo dejándolo fuera de la final. Pero el alcalde de Puerto Real, Pepe Barroso, dijo que si Petrovic no jugaba suspendía el torneo. Todo se arregló con una multa de 200.000 pesetas que Petrovic nunca pagó".
Formó parte de la Yugoslavia campeona en 1990. Cómo olvidar ese equipo que hizo pasos de ballet en la final en el Luna Park. Petrovic, Toni Kukoc, Vlade Divac. Todo fluía, era básquetbol-arte. La sinfonía de Júpiter compuesta de piques y lanzamientos.
La guerra de Croacia y Serbia provocó una grieta que nunca cerró. Se simbolizó con un fanático y una bandera al cierre del Mundial'90, hecho que cortó una relación de amistad de una vida entre Petrovic y Divac. Fueron héroes. Y también fueron hermanos.
La NBA no fue fácil para Drazen. Dieciocho partidos después de la temporada 1990-91, Petrovic solicitó un canje fuera de Portland porque no jugaba. "Soy el jugador mejor pago de la NBA. Estoy ganando millones de dólares por jugar cinco minutos por partido", supo decir.
Los Blazers cumplieron su deseo y, en un acuerdo de tres equipos, lo enviaron a los New Jersey Nets a mediados de 1990-91. Junto a Kenny Anderson y Derrick Coleman todo mejoró. 36.9 minutos por partido y 26.6 puntos por aparición fueron su respuesta.
Jugó los 82 partidos y empezó a tener fanáticos por su habilidad para tirar triples. Por eso utilizó la camiseta 3 en Nets: quería hacer historia con su tiro detrás del arco.
En 1991-92, logró un enorme 44.4% en T3. Su carrera NBA estaba en ascenso.
En Barcelona'92, Petrovic llevó a Croacia a jugar por el oro contra el Dream Team. Nadie podía ganarle a USA, pero Petrovic jugó un partido fantástico. Le plantó cara de verdad a Michael Jordan.
Lo desafió, lo atacó, lo molestó. Eran otros tiempos.
Petrovic murió el 7/6/1993. Croacia había enfrentado a Polonia y él, lesionado, no jugó. Al regreso, un amigo le invitó a pasar la noche en Frankfurt.
El coche en el que iba, un Golf GTI, entró mal en una curva y chocó con un camión.
Tenía solo 28 años.
En el momento del accidente, quien manejaba el vehículo era Klara Szalantzy, novia de Drazen, hoy casada con el ex futbolista alemán Oliver Bierhoff.
También viajaba Hilal Ebedel, una jugadora de básquetbol que tuvo que retirarse de la actividad por lagunas y crisis mentales.
100.000 croatas, junto al primer presidente de la nación, Franjo Tudjman, y el legendario entrenador Mirko Novosel, despidieron a su héroe en el cementerio en Zagreb, Croacia.
Se lo recuerda como uno de los días más tristes de la historia del deporte mundial.
A lo largo de los años, fanáticos de todo el mundo se han acercado a visitar la tumba de Petrovic. Sobresale la visita de Diego Maradona antes del Mundial de 1994. "Maradona me dijo que el genio de mi hijo Drazen seguirá siempre vivo", contó Biserka.
"Fue emocionante jugar contra Drazen. Cuando competíamos, era agresivo. No estaba nervioso. Me atacó con tanta fuerza como yo lo hice con él. Tuvimos grandes batallas", dijo Michael Jordan.
Reggie Miller lo reconoce como el mejor tirador que enfrentó.
Talentoso, trabajador, desafiante, ganador. Competidor extremo. Revolucionario y perseverante. El Mozart del básquetbol, el genio de Sibernik, viaja en el tiempo a la era de las redes sociales.
Una brisa que entra por la ventana. El sonido de la música clásica que se escucha a lo lejos. Un aro, una pelota y un grito de desahogo: hoy vuelve a jugar Drazen Petrovic.
Y la vida, de nuevo, vuelve a ser maravillosa.
Llegamos al final. Espero que lo hayan disfrutado. Como siempre, si aún no lo han hecho, los invito a seguirme para más contenido de básquetbol.
¡Hasta la próxima!

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