Era la mañana de un caluroso 15 de diciembre del 2009 en Alfonso Central, localidad de San José Obrero, Departamento de Cordillera. Vecinos se alarmaron cuando escucharon disparos, salieron de sus viviendas y se dirigieron hasta el lugar donde vivía Crescencia Maldonado.
Rápidamente agentes policiales de la Comisaría 20° San José acudieron al lugar, también llegó un médico forense y determinó las causas de las muertes. Crescencia tenía una herida en la cabeza, una en el tórax y dos en el abdomen, recibió en total cuatro disparos.
Jacqueline Jazmín Ortiz Oviedo de 3 años presentaba dos impactos de bala, uno en la cabeza y el otro en el pecho, también murió de inmediato. Todas las víctimas recibieron disparos de la misma arma, un revólver calibre 38 que se había vaciado en la sala de aquella vivienda.
Resulta que los vecinos identificaron al sujeto que se había ido del lugar, se trataba de Sebastián Ortiz Gómez de 43 años, quien no era un extraño en esa vivienda. Este hombre era el yerno de Crescencia, cuñado de Lourdes y papá de Jacqueline, quien vivía a pocos metros.
Sebastían tenía una casa a dos cuadras de donde residía su hija con su suegra y su cuñada, cuando retornó agarró la llave de su motocicleta, allí desapareció por completo. Con estos datos la policía lo buscaba intensamente por todos lados, se había convertido en un fantasma.
La pareja tomó la difícil decisión de dejar a su hija con la abuela materna Crescencia, de hecho le firmaron la patria potestad. Ellos desde España con lo que ganaban enviaban dinero y además querían una casa a dos cuadras del lugar del asesinato, el plan era volver.
Todo iba bien durante un tiempo, pero los miles de kilómetros de distancia comenzaron a desgastar la relación, Sonia aparentemente había conocido a otro hombre y Sebastián tomó conocimiento de esto. En él generó odio y resentimiento, se sentía dueño de aquella mujer.
Dos horas después del asesinato, Sebastián llamó a su hermano Julio y le dijo entre lágrimas: "Le maté a mi hija, también a mi suegra y mi cuñada. Me quiero entregar a la policía." Además dio coordenadas de su paradero y le dijo a su hermano que llame a la policía.
La noche cayó y no lo pudieron ubicar en el lugar que había dicho que estaría, no hubo novedades de él sino hasta el día siguiente. El 16 de diciembre en horas de la mañana, el capataz de una estancia hacía un recorrido en el lugar conocido como Arrecife de Arroyos y Esteros.
Con la investigación, se supo que el hombre se había quitado la vida momentos después de haber llamado a su hermano, se sacó la remera y la colocó en el suelo, sobre ella se acostó y colocó el cañón del revólver dentro de su boca para darse el tiro que lo hizo dejar de existir.
Cuando volvió de España se trajo consigo más de 30.000 dólares que ahorró con su pareja, allá realizaba trabajos de pintura. Iba a construir la casa y esperar a su amada para continuar una mejor vida, también ayudaba a su comunidad y hacía donaciones a los necesitados.
Las peleas con su ex pareja derivaron en que ella deje de enviarle dinero y lo haga directamente a Crescencia, que era la que cuidaba a la hija que tenían en común. Más conflictos se trasladaron hasta Paraguay inclusive, Sebastián ya no podía ver a su hija tampoco.
Así fue como Sebastián aquel 15 de diciembre tomó el revólver calibre 38 y antes de salir de su casa lo colocó en su cintura, llegó hasta la vivienda de su ex suegra con las intenciones de ver a su hija y allí se produjo una acalorada discusión, se dió la vuelta y pensó en irse.
Dos balas alcanzaron también a la hija del asesino y una de ellas la habría atravesado, impactando también contra Crescencia, así fue como este hombre descargó el tambor de aquel revólver y emprendió su huida que horas después derivaría en la decisión final suicidarse.
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