28 تغريدة 24 قراءة Aug 25, 2023
La historia de un hombre que no era un criminal hasta que se convirtió en asesino. El odio, el rencor y el engaño lo llevaron a cometer uno hecho atroz, inclusive atentando contra su propia hija.
Sebastián Ortiz y la masacre en Cordillera 👇
Era la mañana de un caluroso 15 de diciembre del 2009 en Alfonso Central, localidad de San José Obrero, Departamento de Cordillera. Vecinos se alarmaron cuando escucharon disparos, salieron de sus viviendas y se dirigieron hasta el lugar donde vivía Crescencia Maldonado.
Lo primero que visualizaron fue a un hombre con un revólver en mano irse apurado de la casa, al ingresar detectaron que habían tres personas en el suelo y cubiertas en en sangre. Crescencia de 49 años, Lourdes de 16 y Jacqueline de 3, fueron asesinadas en ese lugar.
Rápidamente agentes policiales de la Comisaría 20° San José acudieron al lugar, también llegó un médico forense y determinó las causas de las muertes. Crescencia tenía una herida en la cabeza, una en el tórax y dos en el abdomen, recibió en total cuatro disparos.
Lourdes Noemí Oviedo Maldonado de 16 años tenía dos orificios, una bala le ingresó por la espalda y salió por el pecho, presentaba daños severos en órganos vitales, lo que le produjo una muerte inmediata. Aparentemente estaba queriendo escapar de su agresor cuando la asesinaron.
Jacqueline Jazmín Ortiz Oviedo de 3 años presentaba dos impactos de bala, uno en la cabeza y el otro en el pecho, también murió de inmediato. Todas las víctimas recibieron disparos de la misma arma, un revólver calibre 38 que se había vaciado en la sala de aquella vivienda.
Crescencia era la mamá de Lourdes Noemí y la abuela de Jacqueline Jazmín, todas residían en esa casa. De inmediato los investigadores sospecharon que el hecho podría tratarse de una venganza, ya que no se conocían otros motivos para semejante ataque, había un sospechoso.
Resulta que los vecinos identificaron al sujeto que se había ido del lugar, se trataba de Sebastián Ortiz Gómez de 43 años, quien no era un extraño en esa vivienda. Este hombre era el yerno de Crescencia, cuñado de Lourdes y papá de Jacqueline, quien vivía a pocos metros.
Testigos lo observaron irse con el revólver recién descargado en mano, se supo también que en su caminata tras cometer el hecho, envió un mensaje de texto a un amigo en el cual decía: "Ya cumplí mi deseo, ahora me van a creer que soy capaz de hacer las cosas." Sin más detalles.
Sebastían tenía una casa a dos cuadras de donde residía su hija con su suegra y su cuñada, cuando retornó agarró la llave de su motocicleta, allí desapareció por completo. Con estos datos la policía lo buscaba intensamente por todos lados, se había convertido en un fantasma.
Se comenzó a investigar más sobre la vida de este sujeto, supieron que era un pintor que tiempo atrás había decidido ir con Sonia Eliana Oviedo Maldonado, quien era su pareja en ese entonces y madre de su única hija Jacqueline, a la ciudad de España para trabajar y ganar dinero.
La pareja tomó la difícil decisión de dejar a su hija con la abuela materna Crescencia, de hecho le firmaron la patria potestad. Ellos desde España con lo que ganaban enviaban dinero y además querían una casa a dos cuadras del lugar del asesinato, el plan era volver.
En un momento dado de la relación, Sebastián decidió retornar a Paraguay para culminar la construcción de la casa, mientras que Sonia iba a seguir en el viejo continente para trabajar y enviar dinero, muy conveniente cuando se hacía la conversión de euros a guaraníes.
Todo iba bien durante un tiempo, pero los miles de kilómetros de distancia comenzaron a desgastar la relación, Sonia aparentemente había conocido a otro hombre y Sebastián tomó conocimiento de esto. En él generó odio y resentimiento, se sentía dueño de aquella mujer.
Volviendo a la investigación, se comenzaron a hacer varios allanamientos en la ciudad de Juan de Mena, ya que se sospechaba que podía estar escondiéndose en la casa de un hermano que tenía en ese lugar. Sin embargo no podían encontrarlo por ningún lado, pero hizo una llamada.
Dos horas después del asesinato, Sebastián llamó a su hermano Julio y le dijo entre lágrimas: "Le maté a mi hija, también a mi suegra y mi cuñada. Me quiero entregar a la policía." Además dio coordenadas de su paradero y le dijo a su hermano que llame a la policía.
“Que no tarden por favor, los voy a esperar acá”. Habrían sido las últimas palabras de Sebastián, estaba en la zona de Arroyos y Esteros del Departamento de Cordillera, le había dejado su motocicleta a un amigo y se adentró en un bosque de la zona según averiguaciones.
La noche cayó y no lo pudieron ubicar en el lugar que había dicho que estaría, no hubo novedades de él sino hasta el día siguiente. El 16 de diciembre en horas de la mañana, el capataz de una estancia hacía un recorrido en el lugar conocido como Arrecife de Arroyos y Esteros.
Al costado de un camino de tierra encontró el cuerpo de un hombre sin vida, eran los restos de Sebastián, quien se había dado un tiro en la cabeza para quitarse la vida. El hallazgo se produjo casi al mediodía, a más de 70 kilómetros del lugar del triple crimen.
Con la investigación, se supo que el hombre se había quitado la vida momentos después de haber llamado a su hermano, se sacó la remera y la colocó en el suelo, sobre ella se acostó y colocó el cañón del revólver dentro de su boca para darse el tiro que lo hizo dejar de existir.
Sebastián no era un criminal sino hasta el día en que se convirtió en asesino, antes de archivar el caso se indagó más sobre la vida de este hombre y se descubrieron muchas cosas. Era un sujeto solidario, comprometido con su comunidad y muy querido por todos en la zona.
Cuando volvió de España se trajo consigo más de 30.000 dólares que ahorró con su pareja, allá realizaba trabajos de pintura. Iba a construir la casa y esperar a su amada para continuar una mejor vida, también ayudaba a su comunidad y hacía donaciones a los necesitados.
De un momento a otro se enteró que su pareja estaba saliendo con otro hombre, sus amigos de España le contaron lo sucedido, él le pidió que vuelva inmediatamente pero sin embargo ella ya no compartía esos planes. Sebastián comenzó a cambiar y llenarse de odio constantemente.
Las peleas con su ex pareja derivaron en que ella deje de enviarle dinero y lo haga directamente a Crescencia, que era la que cuidaba a la hija que tenían en común. Más conflictos se trasladaron hasta Paraguay inclusive, Sebastián ya no podía ver a su hija tampoco.
Resulta que tras amenazas surgidas por la infidelidad, Sonia le dijo a su madre Crescencia que le prohíba acercarse a la casa o a Jacqueline, se presume que allí Sebastián tomó la determinación de vengarse por la situación y descargarse con la madre de su ex pareja.
Así fue como Sebastián aquel 15 de diciembre tomó el revólver calibre 38 y antes de salir de su casa lo colocó en su cintura, llegó hasta la vivienda de su ex suegra con las intenciones de ver a su hija y allí se produjo una acalorada discusión, se dió la vuelta y pensó en irse.
Sin embargo antes de abandonar el predio, desenfundó su arma y a través de una ventana abierta apuntó directamente a Crescencia, comenzó a disparar sin piedad acertándole varios disparos. La señora tomó en brazos a su nieta para salvarla pero ya estaba en la línea de fuego.
Dos balas alcanzaron también a la hija del asesino y una de ellas la habría atravesado, impactando también contra Crescencia, así fue como este hombre descargó el tambor de aquel revólver y emprendió su huida que horas después derivaría en la decisión final suicidarse.

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