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En «Cien años de soledad» se relata una centuria de hechos y cotidianidades de una familia, los Buendía.
La novela se inscribe en la corriente del realismo mágico y tiene un actor fundamental, una sombra que la recorre de principio a fin: el tiempo.
La novela se inscribe en la corriente del realismo mágico y tiene un actor fundamental, una sombra que la recorre de principio a fin: el tiempo.
Una de sus mayores dificultades es que postula una separación demasiado rígida de momentos temporales.
¿Es que acaso podemos aislar el presente y separarlo del pasado y del futuro?
¿Qué instante es el presente? ¿Un minuto? ¿Un segundo? ¿Una milésima? ¿Un nanosegundo? ¿Nada?
¿Es que acaso podemos aislar el presente y separarlo del pasado y del futuro?
¿Qué instante es el presente? ¿Un minuto? ¿Un segundo? ¿Una milésima? ¿Un nanosegundo? ¿Nada?
Para Bergson, estas modalidades temporales (pasado, presente y futuro) no son separables.
Cuando paseamos tranquilamente por nuestra casa, la vemos llena de recuerdos y, de hecho, sabemos que es nuestra casa por todo un pasado que inunda el presente por el que paseamos.
Cuando paseamos tranquilamente por nuestra casa, la vemos llena de recuerdos y, de hecho, sabemos que es nuestra casa por todo un pasado que inunda el presente por el que paseamos.
Lo mismo ocurre con el futuro: si en un instante determinado estamos en un autobús no es por azar o magia, sino porque queremos ir al cine o a trabajar.
En fin, el tiempo de los seres humanos no es el tiempo pensado clásicamente que espacializa en presente, pasado y futuro.
En fin, el tiempo de los seres humanos no es el tiempo pensado clásicamente que espacializa en presente, pasado y futuro.
Esta forma de concebir el tiempo quizá sirva para algunos entes, pero los seres humanos no vivimos en ese tiempo, sino que experimentamos el tiempo de otra forma.
Pues bien, el tema principal de «Cien años de soledad» es esta otra concepción temporal.
⚠️Atención: 'spoilers'.
Pues bien, el tema principal de «Cien años de soledad» es esta otra concepción temporal.
⚠️Atención: 'spoilers'.
Empecemos por el principio.
El argumento de la novela es relativamente sencillo: la obra acompaña a lo largo de cien años a una familia, los Buendía, y al pueblo que habitan, Macondo (en su fundación, auge y decadencia).
El argumento de la novela es relativamente sencillo: la obra acompaña a lo largo de cien años a una familia, los Buendía, y al pueblo que habitan, Macondo (en su fundación, auge y decadencia).
El texto que leemos, el libro tal cual está impreso, es —se descubre al final— los pergaminos de Melquíades, las profecías que el gitano escribió en los primeros capítulos de «Cien años de soledad».
Lo interesante es que la profecía condensa cien años en un solo instante.
Lo interesante es que la profecía condensa cien años en un solo instante.
La fórmula de Melquíades es la forma real del tiempo humano. Ahora, en este instante, se condensa toda la historia que nos ha traído aquí y, a su vez, se abre todo un futuro de posibilidades que nace de este mismo instante.
El presente es inseparable del pasado y del futuro.
El presente es inseparable del pasado y del futuro.
Pero, claro, la linealidad del texto impide materialmente hacer esto. Quizá en un cuadro se puedan concentrar todos los instantes temporales, pero en un libro, que empezamos a leer por un lado y terminamos por otro, hay necesariamente una linealidad, una sucesión.
El tiempo en «Cien años de soledad» es el tiempo de nuestra existencia, un tiempo que se derrama tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Un tiempo donde se concentra la eternidad.
El tiempo, en fin, de los seres humanos.
El tiempo, en fin, de los seres humanos.
Sin embargo, el tiempo en los seres humanos es un poco más complejo que todo esto. El motivo es que los seres humanos existimos en una realidad física, en un mundo de objetos. Así, nuestro tiempo entremezclado convive con el tiempo lineal de los objetos.
García Márquez anuda ambos tiempos con la circularidad del tiempo.
Así, en «Cien años de soledad», el tiempo realiza multitud de círculos temporales, con infinidad de motivos que se repiten: la lucha contra la soledad, los rasgos de personalidad, los nombres…
Así, en «Cien años de soledad», el tiempo realiza multitud de círculos temporales, con infinidad de motivos que se repiten: la lucha contra la soledad, los rasgos de personalidad, los nombres…
Víctima de las brechas que el tiempo abre con su torpe movimiento, siempre es lunes para José Arcadio Buendía. A partir de ese momento, quedará amarrado a un árbol donde se perderá por infinitos pensamientos, visitará a los muertos y, en su extravío temporal, aprenderá latín.
Sin embargo, hay una excepción a los tropiezos del tiempo y su decadencia: el cuarto donde se alojan durante todo el siglo los manuscritos de Melquíades (es decir, el libro de «Cien años de soledad»).
Y es que lo único invulnerable al paso del tiempo es la literatura.
Ese rinconcito de la humanidad donde siempre es marzo y siempre es lunes.
El único lugar de nuestra existencia que puede curarnos de la maldición de nuestra estirpe: la soledad.
Ese rinconcito de la humanidad donde siempre es marzo y siempre es lunes.
El único lugar de nuestra existencia que puede curarnos de la maldición de nuestra estirpe: la soledad.
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