Y, como cualquier otra medicina, a las gotas y jarabes a base de cocaína se les daba mucha promoción.
El kit contenía elementos radiactivos: polonio y uranio, pero, por supuesto, en dosis microscópicas.
Al ermitaño se le prohibía bañarse, cortarse el cabello y las uñas y tenía que vivir en una ”gruta” artificial. Todo para poder presumir su “decoración viva” ante sus invitados.
Pero esto les pareció poco a los dueños de los manicomios: decidieron organizar un pequeño negocio. Por un pago moderado, cualquier persona podía entrar a mirar a los enfermos mentales e incluso punzarlos con un palo.
llevaban a casa el cráneo de su enemigo. Esto fue justo lo que hizo un marino de la Segunda Guerra Mundial, al cual puedes ver en la imagen de arriba con el cráneo de un soldado japonés.
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