Esperé a hoy para compartir esta historia porque marca un antes y un después en casos de violencia familiar. Da apertura a una condena ejemplar tras un asesinato, en la que un hombre le quita la vida a una mujer, lo que hoy conocemos como un "feminicidio" en lo judicial.
Adolfo Trotte estuvo vinculado por mucho tiempo al mundo del fútbol, las drogas, el tráfico y la violencia. Por tener contactos de alto peso, logró llegar a un cargo de poder en el Club Olimpia de Paraguay, era un delincuente con un cargo importante y la posibilidad de decidir.
En ese viaje, la esposa del dirigente Sonia Vera, es invitada para que lo acompañe, también la madre de ella y su hijo Oscar. Todo con las intenciones de pasar un fin de semana en familia mientras los tiempos dieran lugar. La familia de Trotte viajó en una camioneta particular.
Planearon una cena en una pizzería, por lo que Sonia busca a Trotte de donde se encontraba y van a la ciudad de Caacupé a comer en familia. Todo iba muy bien, pero de un momento a otro los ánimos cambiaron repentinamente y se convirtió en una noche inolvidable para todos.
En esa cena familiar, las drogas hicieron que Adolfo se sienta perseguido de alguna manera, en su mente fotografió una captura de su visual, que eran a su esposa Sonia Vera y a la madre de ella riéndose juntas. Él creyó que las risas eran de burlas hacia su persona y estalló…
ya que Trotte comienza a preguntarle a su pareja sobre un amorío que supuestamente ella tuvo con unos de sus amigos, donde ésta le comentaba como fue detalladamente el encuentro sexual que habría tenido con aquel sujeto, en la propia casa del barrabrava. Los ánimos ardieron.
y le proporciona un disparo en la zona parietal izquierda, siendo este el que le quitó la vida al instante, provocando que Sonia pierda masa encefálica. Siendo ya el 3 de julio por la madrugada, Adolfo con el cadáver de su mujer decidió cambiar de ruta y volvió hacia la capital.
Estacionó su camioneta al lado del bus, sacó el cadáver de su esposa y lo cargó hasta el vehículo de gran porte para guardarlo dentro. Se tomó el tiempo para ir al baño dentro del predio y pensar lo que iba a hacer. Se le ocurrió la idea de que iba a utilizar sus contactos…
ya se había comenzado la búsqueda de Sonia Vera y Adolfo Trotte, la mamá de la desaparecida denunció lo que pasó y manifestó que el barrabrava estaba muy ofuscado, siendo la última vez que los vio en aquel restaurante, donde Trotte le obliga a subir a la camioneta y viajar.
A pesar de que aún no habían pruebas, absolutamente todos ya sabían en sus mentes quién había perpetrado ese horrendo crimen. Las investigaciones siguieron y hallaron la camioneta de Trotte, con un arma dentro a nombre de él y un baño de sangre. La policía ya sabía que se fugó…
Fuera de sus planes, el barrabrava porteño le dio la espalda y le cerró las puertas, Trotte se quedó sin salida. Según el relato de él, comenzó a buscar en internet su caso y vio a toda su familia destrozada, una especie de culpa, según sus palabras lo invadió. Decidió regresar
El 13 de julio de 2011 cruzó a Puerto Falcón y llegó a tierra paraguaya. A pesar de la confesión había que demostrar que Trotte era el asesino, ya que según la ley nadie está obligado a declarar en su contra. El trabajo de los efectivos era demostrar el asesinato ocurrido.
Las dos balas que mataron a la víctima quedaron alojadas en la cabeza de Sonia Vera, que luego de ser peritadas se confirmaron que efectivamente salieron del arma de Trotte, ya que fueron sometidas a una prueba balística intensa y específica, donde no pueden caber dudas.
También se comprobó que Trotte era un violento sistemático, prohibió todo tipo de relación hasta con su propia familia a Sonia Vera, era un hombre cínico, abusivo, extorsionador, extremadamente celoso y tenía muchísimos antecedentes de violencia intrafamiliar. Sin embargo...
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