34 تغريدة 32 قراءة Dec 06, 2022
Hoy intentaremos meternos en la cabeza de un joven, en la metáfora me refiero a que buscaremos tratar, por un segundo, de descifrar que pasaba por la mente de este sujeto, quien puso fin a la vida de su propia madre. 
El "irracional e ilógico" caso del asesino Luis Roche.
Vayamos un rato al año 2007, en ese entonces un joven de 20 años llamado Luis Roche era un estudiante aficionado por la lectura filosófica, odiaba los números a pesar de que estudiaba contabilidad, presionado de alguna manera por su madre, quien era profesional de la materia.
Roche tenía una mente brillante, nació en Ybycuí, Departamento de Paraguarí. En contrapartida con su intelecto, Luis escribía cosas raras, haciendo apología al suicidio y "lo maravilloso que es", cosa que era sabido por su círculo íntimo que lo ayudó a que lo trate un psiquiatra.
Algunos conocidos de Luis y su madre, atestiguaron que el practicaba "magia negra" y sospechaban que realizaba "pactos satánicos". Además el joven consumía con frecuencia estupefacientes y alcohol, aparte de los medicamentos propios del tratamiento psiquiátrico que llevaba.
Roche guardaba en su teléfono celular también imágenes de decapitaciones y alardeaba de formar parte de grupos de esta naturaleza. Era un fiel admirador de Adolf Hitler, adoraba a la imagen del dictador y se había construido una "casa del árbol" para leer libros de él y filosofía
Luis Roche vivía con su madre llamada Miguela Rodríguez Villalba en Ybycuí, pero también alquilaban un departamento en Asunción, por lo que no era extraño verlos muy de vez en cuando por ambas ciudades ya que de manera frecuente se trasladaban de un lado al otro por trabajo.
En un tiempo del invierno del año 2007 la ausencia de Miguela se comenzó a notar, ya que ella era contadora y además prestaba dinero a clientes, por lo que normalmente se comunicaba con ellos para cobrarles y otorgar créditos, pero de la nada había desaparecido sin avisar.
Una vecina del barrio Ybycuí limpiaba normalmente la casa, por pedido de Miguela para que todo se mantenga en orden y evitar también la presencia de ladrones. Si bien no era frecuente esto, un 5 de julio la vecina se apersonó en el lugar y encontró ventanas abiertas.
Encontró una llave, pensó que Miguela viajó nuevamente y se olvidó de cerrar todo. Es por ello que aseguró la vivienda, pero no antes sin ver que dentro una pieza que siempre estaba cerrada con un candado, había tierra y arena removida, sin embargo no llamó tanto la atención.
Dentro de esa casa, justamente esa habitación en particular, era sumamente intrigante para Dorotea, la vecina que limpiaba. Ya que según Miguela, era una pieza que sólo tenía cosas en desuso, le dijo que no hacía falta limpiarla y siempre tenía puesto un candado grande.
Dorotea primeramente había detectado un cambio de candado en esa habitación, y este le permitía empujar un poco la puerta para observar dentro, allí fue cuando se percató de la arena y tierra removida. Comentó esto con sus familiares, pero le dijeron que no se entrometa.
Ella sospechaba que había algo enterrado allí, sin embargo nunca le dio suma importancia. Los días seguían pasando y Dorotea iba con más frecuencia a limpiar, sin rastros de la visita de Miguela por el lugar, hasta que comenzó a sentir un olor nauseabundo que ya no se soportaba.
Un día, cerca de las 9:00 de la mañana de un frío 19 de julio del año 2007, fue cuando un terrible hallazgo terminó con la calma de la pacífica ciudad de Ybycuí. El cuerpo de Miguela Rodríguez Villalba fue hallado por su vecina, enterrado en la tan misteriosa habitación prohibida
Tras la autopista se terminó que Miguela recibió un certero machetazo en el medio de la frente, lo que produjo su muerte de forma inmediata. El golpe literalmente le partió la cara y la desfiguró, fracturando el cráneo y llegando al cerebro. También el cadáver presentaba cortes
En el cuello y en pecho realizada con la misma arma blanca. También se determinó que la víctima soportó cortes defensivos en ambos brazos y en las manos. Hizo todo lo que pudo para defenderse de un tremendo ataque, pero todo fue en vano, un machetazo le quitó la vida aquel día
Una investigación comenzó y como Luis Roche era el único que vivía con su madre y se encontraba desaparecido el objetivo era poder dar con su paradero para saber con certeza qué le pasó a Miguela, aunque ya habían fuertes sospechas hacia el joven con conductas extrañas.
Los investigadores situaron en tiempo y espacio la última vez que fueron vistos Luis y Miguela juntos, participando de un cumpleaños en el centro de la ciudad de Ybycuí, a unas cuadras de su casa, un 24 de junio por la madrugada. En un momento Miguela decide que ya es hora irse…
Ella no quería perder todo el domingo durmiendo y también creyó conveniente que Luis deje de beber, ya que debía enfocarse en sus estudios, por lo que siendo las 01:30, alza la voz cortando la conversación de quienes charlaban allí, para decirle a su hijo que era hora marchar.
Los amigos de Luis se burlaron de él por la manera en la cuál lo enviaron a su casa, pero sin decir palabras éste se fue, a pesar de que la furia y la vergüenza lo carcomían por dentro. Ya en su cama, la situación no lo dejaba dormir y volvió a salir para irse junto a sus amigos.
Aprovechó que su mamá dormía para largarse y cuando llegó a la fiesta nuevamente, alardeó sobre la libertad que había logrado para volver al lugar, haciendo alusión de que él hacía lo que quería. Se quedó en el lugar hasta cerca de las 06:00 cuando retornó a su hogar a dormir.
Durante las horas posteriores de ese domingo, Luis tenía una resaca infernal, su madre le golpeaba la puerta regañándolo constantemente para que se levantara y realice actividades productivas. En un momento no aguantó más, abrió la puerta de su habitación…
Al salir la cerró violentamente haciendo silenciar a su madre quien le preguntó hacia donde iba, "Acá al patio, vas a ver..." contestó Luis Roche.
 Fue al patio, buscó el afilado machete e ingresó a la habitación de su madre acertándole un golpe certero en la frente y luego otros
Luis venía reprimiendo esta ira hace mucho tiempo, las discusiones con su mamá eran frecuentes y se sentía presionado porque lo obligaba a que estudie contabilidad, una carrera que no le gustaba. Ésto hacía que conserve una furia interna que aquél día despertó, según él contó.
El joven ya había planeado asesinar a su madre, de hecho había cavado la tumba dentro de su casa donde luego la enterró. Miguela lo había visto haciendo eso, pero pensó que ya había perdido la cordura totalmente y estaba buscando dinero u objetos de valor en el lugar.
Luego de cometer el asesinato Luis limpio la escena, enterró el cuerpo de su madre y puso ropa a lavar. Cuatro días después sacó Gs. 300.00 de la cartera de Miguela, además de llevarse de la casa una cámara fotográfica, un televisor y una computadora y las empeñó para viajar.
Luis salió a las 13:00 del 28 de junio rumbo a Buenos Aires y regresó a Paraguay al día siguiente a la misma hora. Nadie entendió bien que quiso hacer, pero la idea de él era confundir a los investigadores, sin embargo registró tanto su salida como su entrada al país.
Vagando como un nómada, yendo y viniendo de Argentina por dos meses, Luis terminó  internándose en el Chaco Paraguayo, pidió al jefe de una comuna indígena llamada "Angaite" que le de hospitalidad, dijo llamarse Nelson Ramos y que tenía dinero para comprar víveres a cambio.
El cacique accedió al pedido y le cedió una choza, pero tan sólo días después, Roche empezó a actuar extraño y le pidió que le consiguiera trabajo en la Cooperativa Menonita local, afirmando que contaba con experiencia en informática. Esto levantó sospechas en el jefe de la tribu
Por ese motivo lo denunció ante la policía un 5 de agosto del 2007, donde finalmente detuvieron a Luis Roche, quien confesó con detalles el asesinato de Miguela, su propia madre. Manifestando que estaba arrepentido de lo que sucedió y que compondría su vida. Fue acusado.
Dos años después, Luis Roche Rodríguez tenía otro aspecto, aseado y tranquilo se presentó ante el tribunal, donde el juez  leyó la decisión en voz alta, la condena fue de 15 años de prisión por el asesinato a machetazos de Miguela Rodríguez Villalba, su madre.
Posterior al tiempo de su detención, Luis Roche afirmó que todo fue producto de qué se había alejado de Dios, dijo estar arrepentido de haber cometido el hecho reiteradas veces y además nunca se despegó de una Biblia que siempre lo acompañaba a partir de ese momento.
El 13 de julio del 2016, cuatro reos de la Penitenciaría Industrial Esperanza afrontaron una audiencia de reducción de pena. Entre ellos estaba Luis, quien cumplía su noveno año de reclusión. Le Redujeron su condena y el 28 agosto del 2016  recuperó su libertad.
Dato curioso: un hecho que llamó la atención es que 11 años antes de acabar con la vida de su mamá, había muerto la abuela de Roche, María Eugenia Villalba. La misma fue hallada en estado de putrefacción en una granja, decían que tenía problemas mentales. Nunca se esclareció.
Luis Miguel Roche realizaba un tratamiento por ser esquizofrénico, una mente inteligente que se transformó en criminal. Nunca nadie logró realmente descifrar cuál era su conducta habitual, ya que nada de lo que hacía era considerado normal. Poco se sabe de su vida al día de hoy

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