Desde ese lugar los secuestradores partieron a la Zona Central y se alojaron en un motel, pensando que se trataba del lugar ideal para mantenerlo en cautiverio, además de aplicarle dosis de cloroformo para dormirlo, con las intenciones de que no hable ni despierte sospechas.
Las horas avanzaban pero no la negociación, Pedro Riquelme exigió una prueba de vida a los secuestradores y allí los contactos se terminaron, la policía desde un primer momento notó mucho miedo e inexperiencia por parte de los captores de Amín, que mostraban nerviosismo.
El cuerpo fue encontrado con la ropa de básquetbol, se determinó mediante la autopsia que la causa de la muerte fue la inhalación de cloroformo en altas dosis. Tenía en su cuerpo 68 unidades de medida de litro en sangre, cuando de 30 a 50 ya es de alto riesgo para adultos.
Myriam Riquelme, Tía de la víctima y hermana adoptiva de Pedro Riquelme, fue la que dio todos los detalles de los movimientos del niño y los negocios de la familia, para que su esposo Luis Fernando Giménez, de profesión camillero, planee y ejecute el secuestro de Amín.
Luis Martínez y Arnaldo Cabrera en juicio confesaron haber sido parte del secuestro e implican a sus demás cómplices. Señalaron cuál fue el rol de cada uno y sindicaron a los tíos de Amín como los cabecillas. A Luis Giménez de ser el reclutador de los miembros de la gavilla.
Esa información desencadenó en tirar el cuerpo del niño y abortar el plan. Durante los tres días que duró el secuestro, la tía demostrando el cinismo que la caracterizaba estuvo en la casa, fingiendo estar afligida por el hecho y poniéndose a disposición para colaborar.
Óscar Galeano, Arnaldo Cabrera, Myriam Riquelme y Cynthia Rolón, fueron encontrados culpables de secuestro y asociación criminal, mientras que Nidia Colmán, secuestro en calidad de cómplice. Galeano fue condenado a 27 años de cárcel y el resto a 24 años de prisión.
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